¿Cuántas veces nos hemos preguntado para que estamos aquí? ¿Por qué soy yo y no cualquier otra persona? ¿Acaso cumplimos un propósito en esta vida? ¿O simplemente somos unos títeres a merced de un ser desconocido para nosotros? ¿Será este lugar la Matrix?
Podría seguir toda la tarde enumerando las preguntas existenciales que cada tanto nos hacemos, pero lo que creo que es más importante preguntarnos (y que rara vez lo hacemos), es si ¿Será necesario un propósito para poder gozar la vida como queremos? Muchas veces reprimimos las ganar de salir a un parque porque tenemos un montón de responsabilidades encima, y vamos olvidando lo que tanto nos gusta hacer. Por qué simplemente no vivimos la vida y ya, sin tantos por qué. Sin tantas restricciones. Sin tanta vacilación. Sin tanta frustración. Sin tanta dependencia.
Es hora de que le demos la bienvenida a la espontaneidad, a la satisfacción, a un poco de locura, al agradecimiento, a la acción. Aprendamos a apreciar los pequeños detalles que se nos presentan cada día, el cantar de un pájaro, la sonrisa de un niño, hasta un simple ¡gracias amigo! En fin, ¡vivamos la vida! Con sus penas y alegrías, total, eso es lo que a uno lo hace ser la persona que es, y lo que nos puede llevar a ser feliz.
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